
Los republicanos pueden perder la Cámara de Representantes si los demócratas superan la falta de liderazgo y las disputas internas
La excelencia de la democracia consiste en que después de una gran derrota siempre quedan las próximas elecciones para resarcirse. Una nueva oportunidad para vencer al adversario político, o frenar su mandato. Para el Partido Demócrata, esa ocasión llegará el próximo noviembre con las elecciones de medio mandato, los midterms. Su objetivo: que el voto de los estadounidenses haga descarrilar el segundo mandato de Donald Trump gracias a la recuperación de la Cámara de Representantes.
Las estadísticas indican que la historia favorece al partido que está en la oposición. No obstante, el siempre circense Donald Trump sigue siendo una figura muy movilizadora, aunque lo es tanto para sus seguidores como para sus detractores. De momento, las encuestas muestran una ligera ventaja demócrata. En parte porque el voto femenino y el de los suburbios, donde el milagro económico que prometió el presidente brilla por su ausencia, ofrecen un margen de crecimiento.
Sin embargo, las debilidades del Partido Demócrata son un lastre con el que el magnate neoyorkino ya ha demostrado que sabe jugar, moldear y rentabilizar. Sobre todo, la acuciante falta de un liderazgo nacional, y las tensiones internas entre moderados y progresistas. No en vano, diversos estudios apuntan a que parte de los votantes demócratas “perciben que el partido prioriza cuestiones culturales sobre las económicas, con lo que se exponen a unas primarias conflictivas en varios estados que pueden dificultar su unidad”, según AP News.
La tarea de los demócratas no es imposible. La mayoría republicana en la Cámara pende de un hilo, por lo que solo necesitan ganar en un puñado de distritos. En caso de conseguirlo, la Administración Trump se enfrentará a un huracán político porque estos podrían bloquear gran parte de la agenda legislativa del presidente, comenzar a investigar las acciones de la Administración y presidir todas las comisiones de investigación (ahí estará la clave). Más aún, se harían con el control del presupuesto federal y, con ello, podrían frenar cualquier reforma impulsada por el Despacho Oval.
En cuanto al Senado, este será harina de otro costal. Los demócratas saben que, de momento, solo es un objetivo secundario dada la fortaleza republicana, aunque no renunciarán a intentar ganar algunos escaños en los estados donde Donald Trump venció con márgenes ajustados, especialmente en diversos distritos de Texas, Maine, Carolina del Norte, Iowa y Alaska.
Ofensiva anti-Trump
La principal estrategia de los demócratas será convertir los comicios de medio mandato en un referéndum sobre el presidente. Es decir, presentar las elecciones no como un camino hacia sus propias propuestas sino como un juicio popular a Donald Trump basado en el desgaste democrático e institucional, los presuntos abusos de poder y la consecuente amenaza al Estado de derecho, su política exterior agresiva que solo ha aumentado la animosidad mundial hacia Estados Unidos, y, finalmente, el impacto de los recortes sociales en las familias estadounidenses.
La lógica detrás de esta estrategia se basa en que cuanto más se hable del magnate neoyorkino, mayor será la movilización del voto demócrata y de los republicanos descontentos. En cuanto a estos últimos, el distanciamiento viene dado por motivos económicos. Por ello, la campaña demócrata espera rentabilizar el aumento de los precios en el país, el cada vez más difícil acceso a la vivienda, el aumento de los costes sanitarios, y cómo el conflicto abierto con Irán, entre otros, está afectando al precio de la energía y el combustible.
Por otro lado, los demócratas seguirán apostando por la defensa a ultranza de los sistemas sanitarios de Medicare y Medicaid, aunque esta vez lo harán utilizando una narrativa que puede ser muy eficaz entre los votantes mayores de 65 años, los votantes suburbanos y los independientes, al centrarse en el hecho de que “los republicanos reducen impuestos a los más ricos mientras ponen en riesgo la sanidad y la protección social”, según informa The Daily Beast.
Si los demócratas quieren recuperar la Cámara de Representantes, estarán obligados a ganar en los suburbios que, en 2024, se decantaron parcialmente hacia Donald Trump. Sobre todo, en los estados de Pensilvania, Michigan, Wisconsin, Arizona y Georgia, donde los candidatos demócratas centrarán sus campañas en devolver a la ciudadanía la estabilidad institucional, el acceso a la educación, a los derechos reproductivos, reducir el coste de la vida y ejercer la moderación política para rebajar la polarización nacional.
Divisiones internas
Sin duda, el mayor problema al que se enfrenta el Partido Demócrata es la guerra interna que, desde hace varios ciclos electorales, sigue debilitándolo, dada la distancia entre las dos alas del partido. Por un lado, está el grupo de poder tradicional (el establishment), el cual está representado por los gobernadores moderados, los antiguos dirigentes de Biden y los congresistas escorados al centro. Y, por otro, el ala progresista, en la que los dirigentes son partidarios de ampliar el Estado del bienestar, apostar por candidatos más jóvenes y figuras emergentes como la congresista Alexandria Ocasio-Cortez y el alcalde Zohran Mandani, ambos del estado de Nueva York.
El ala progresista es la que tiene más posibilidades de arañar votos porque su estrategia se basará, sobre todo, en movilizar el voto de los jóvenes a través de campañas digitales muy segmentadas, tanto en las redes sociales como en los campus universitarios, basadas en las cuestiones que más les preocupan: el cambio climático, la deuda universitaria, el acceso a la vivienda y las amenazas a los derechos civiles. Además, también pondrán todo su esfuerzo en impulsar el voto anticipado y el voto por correo, que Trump ya está intentando cercenar y que, seguramente, vilipendiará en caso de derrota.
De momento, los demócratas afrontan los midterms con un optimismo prudente. Si consiguen mantener la campaña centrada en el balance y desgaste del segundo mandato de Trump como resultado de los nuevos conflictos internacionales (que prometió nunca sucederían durante su presidencia), las tensiones comerciales, las polémicas constantes y la consecuente fatiga política del electorado moderado, estos tendrán opciones reales para recuperar el control la Cámara de Representantes y, así, ponerle límites al presidente y activar una ofensiva política y legal para detener el desmantelamiento de la democracia estadounidense.
Fuente: La Razón






