
Sufrió una caída a 32 kilómetros de meta y se subió a la ambulancia con una herida y un fuerte golpe en la clavícula izquierda. Enric Mas, nuevo líder
Tadej Pogacar se despide de la Vuelta después de cambiar el maillot rojo de líder por el rojo sangre. Una piedra, en la calzada a 32 kilómetros de la meta le hizo maniobrar hacia la derecha para intentar esquivarlo, pero no pudo evitar un vuelco, una caída hacia delante que le hizo abandonar la carrera y su deseo de convertirse en uno de los escogidos que han ganado las tres grandes.
Pogacar trató de levantarse, pero al apoyar el brazo izquierdo sobre el suelo se dio cuenta de que no podía hacer fuerza. Matxin, el mánager de su equipo, acudió en su auxilio, a la vez que los médicos comenzaban a atenderlo. Se quejaba del codo izquierdo, pero cuando un sanitario intentaba curarle la herida de la ceja se hizo más visible el daño en la clavícula. Una herida profunda, bastante más que un raspón, anunciaba el tamaño de los daños.
El esloveno decía que no con la cabeza mientras trataba de subirse a la bicicleta. Un médico lo atendió de manera inmediata, le limpió la herida mientras estudiaba el alcance de los daños. Pogacar amagaba con subirse otra vez a la bici, pero no podía. En lugar de a la bici se subió a una ambulancia con el brazo en cabestrillo. El esloveno no pasó por meta, se fue directamente al hospital de Gandía para que le dieran el diagnóstico definitivo de las lesiones.
«Shoulder pain», gritaba el esloveno mientras trataba de reincorporarse a la carrera, contaba Matxin. «Dolor de hombro». «No hay que hacer responsable a nadie, ha sido una caída que ocurre en el ciclismo. Estaba bebiendo agua, parece ser», añadía el mánager del UAE, que no podía explicar mucha cosa más. «Tendrán que darle unos puntos en la ceja, tenía sangre, pero era de la ceja que se le ha abierto. No era grande la herida, pero sí le hacía sangrar bastante», añadía. «Se agarraba incluso el brazo para intentar levantárselo él mismo. Son situaciones en las que hay que tomar decisiones. Obviamente es una caída difícil de asimilar, pero bueno, motivación para todo el equipo, nos ha dado muchas victorias y espero que el equipo le dé muchas victorias también dedicadas a Tadej», decía Matxin.
Quedaban 32 kilómetros para el final de la octava etapa de una Vuelta que parecía terminada desde hace días. Y ahora vuelve a empezar. Las primeras exploraciones de Álvaro Ortiz, el médico de la carrera que lo atendió, suponen una «fractura clavicular izquierda y varias contusiones», explicaba a Televisión Española. De repente, el vacío. El dueño absoluto de la Vuelta deja un agujero que nadie puede rellenar. «No he visto la caída, me la imagino porque el pelotón ha ido de derecha a izquierda y habrá sido ese movimiento del pelotón», confesaba Enric Mas, el nuevo líder de la carrera.
Con el esloveno había llegado una nueva manera de ver la carrera. En la salida de Puzol, el autobús de UAE estaba encerrado en una calle cortada, protegido por la seguridad de la carrera y sin acceso al público. Imposible gestionar la expectación que genera el esloveno, que ha ido creciendo a medida que avanzaba la carrera. Al llegar a España se incrementaron las medidas de seguridad alrededor del equipo y en la meta de Roquetes los espectadores se agolpaban sobre las cristaleras del pabellón donde estaba situada la sala de prensa simplemente para ver a Pogacar mientras atendía a la prensa escrita después de la etapa. Son muchos los niños que visten en las salidas de las etapas el maillot de campeón del mundo o el del UAE. Todo por Pogacar, como las lágrimas de una joven aficionada en la meta de Xeraco cuando se enteró de la caída.
Son muchas las viudas del mejor corredor del mundo, que abandona una gran vuelta por primera vez. Hasta ahora su peor resultado era un tercer puesto en la Vuelta de su debut. Después los dos segundos puestos en los Tours que ganó Vingegaard. Pogacar había sido líder desde el primer día y ahora los que luchaban por acompañarlo en el podio tendrán que aprender a luchar por la victoria. Era una etapa tranquila, casi un paseo camino de la playa de Xeraco hasta que el líder de la carrera, el esloveno, se fue al suelo. Y todo, de repente, vuelve a empezar.
FUENTE: La Razón







