
Ambos países son grandes donantes de ayuda militar a Ucrania. Aseguraron a Putin que su apoyo no disminuirá y aprovecharon la conversación para tratar la seguridad en el Báltico y el Alto Norte
El presidente finlandés, Alexander Stubb, y el primer ministro noruego, Jonas Gahr Støre, mantuvieron una conversación telefónica con el presidente ruso, Vladimir Putin, en lo que supone el primer contacto entre el jefe del Kremlin y líderes de un país europeo aliado de Ucrania desde la llamada de Emmanuel Macron en julio de del año pasado. El gesto no es más que un reflejo de la disposición europea a implicarse directamente con Moscú para poner fin a conflicto ucraniano.
Los dos dirigentes instaron a Putin a detener la invasión y a abrir negociaciones que lleven a un acuerdo estable. Stubb calificó de «franca y sustantiva» la llamada, recordando que ambos países son vecinos de Rusia. Støre destacó los enormes costes humanos y materiales del conflicto y subrayó la importancia de una desescalada. Noruega y Finlandia, grandes donantes de ayuda militar a Ucrania, aseguraron a Putin que su apoyo no disminuirá y aprovecharon la conversación para tratar la seguridad en el Báltico y el Alto Norte.Play Video
Según un comunicado del Kremlin, Putin respondió que una paz justa y solo es posible si se tienen en cuenta «de forma plena e incondicional» los intereses de Rusia, mientras acusó a la UE y a la OTAN de prolongar el conflicto con sus «políticas de confrontación». ç
Se sabe que la llamada se realizó por iniciativa de los líderes nórdicos, desde Helsinki y tras haberlo consultado con Kiev. Tras la llamada los mandatarios escandinavos hablaron con Zelenski. El presidente ucraniano agradeció su apoyo diplomático diciendo que le habían transmitido a Putin la necesidad de pasos reales de desescalada en energía e infraestructuras: «Rusia debe dejar de prolongar la guerra».
La conversación tuvo lugar tras la reunión celebrada el 20 de octubre en Oslo, que Stubb y Støre organizaron junto con Zelenski y el enviado estadounidense Steve Witkoff, en la que participaron altos cargos de Ucrania, Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Italia, la Comisión Europea y la OTAN, pero no Rusia. Stubb dijo entonces que se habían creado algunos «elementos de paz», que Witkoff llevó a Putin al día siguiente a su reunión en San Petersburgo. Tras ese encuentro, el Kremlin se mostró dispuesto «en principio» a retomar las negociaciones con Washington y Kiev para el próximo 10 de noviembre. El asesor ruso, Yuri Ushakov, restó valor a las propuestas de Oslo, y Putin afirmó que las regiones ucranianas anexionadas son «territorio histórico de Rusia». Putin añadió que está listo para reanudar las conversaciones tripartitas con Ucrania y Estados Unidos, pero solo sobre un acuerdo de paz definitivo que garantice la seguridad de ambos países, y no sobre un alto el fuego «corto».
Bruselas ha expresado su disposición a sentar a responsables europeos y rusos en la misma mesa, algo inédito en estas negociaciones, y la Comisión y el Consejo Europeo trabajan en un equipo conjunto que represente a la UE. Se cree que ambas instituciones conocían la llamada de antemano. Stubb y Støre precisaron que hablaron como líderes de sus países y no en nombre de Europa.
Este movimiento llega tras semanas de presión de Washington para que Kiev deje de atacar las refinerías rusas. El 11 de octubre, Trump anunció un «alto el fuego energético» que, según el ministro de Exteriores ucraniano, Andrii Sibiga, Rusia violó nada más anunciarse. Además, Estados Unidos habría amenazado además con dejar de compartir la inteligencia de alerta temprana sobre misiles, algo que Washington niega. De fondo está el acuerdo que Trump anunció el 9 de octubre con Putin para importar diésel ruso. Es la primera importación oficial de derivados del petróleo ruso en Estados Unidos desde las sanciones de 2022.
FUENTE: La Razón






