
Los conceptos emitidos en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor
Por Freddy González
Hay personas que salen a buscar diariamente con quién pelear; este tipo de personas psicológicamente se denominan Peleadores Compulsivos.
De ellos se dice que «son personas que viven discutiendo con cualquiera en cualquier momento, pero que las razones hay que buscarlas en su interior, en su propia historia, su infancia o «frustraciones no resueltas».
Que buscan activamente la confrontación y el caos, porque es su «zona de confort», a menudo, debido a que su entorno pasado fue conflictivo».
Creo no equivocarme si coloco a su majestad Donald III, dentro del perfil del peleador compulsivo, del provocador irracional que actúa sin medir las consecuencias, lo que está conduciendo el mundo al abismo.
No ha habido un día de los 439 que lleva su nueva administración en el que Trump no haya salido a violentar derechos consagrados en la propia Constitución de los EEUU, a destruir familias en condición migratoria, a anunciar su política expansionista hacia el Norte y el sur, anhelando convertir a Canadá en Estado de la Unión, la anexión de Groenlandia; su incursión y apoyo al sionista de Netanyahu en el genocidio de Gaza.
Igual hizo con el secuestro y posterior traslado a territorio estadounidense del presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros y su esposa Cilia Flores; la provocación y amenaza permanente al gobierno y al pueblo cubano, y el ataque artero y criminal contra la República Islámica de Irán.
Se ha peleado con sus principales aliados europeos a los que ha presionado para involucrarlos en su aventura del Oriente Medio, queriendo obligar a los países árabes a pagar los platos rotos causados por el desastre de su acción aventura contra Irán, en la que más 35 mil millones de dólares pesan sobre las espaldas de los contribuyentes de su país.
En un estado de demencia extrema a amenazado con borrar una civilización de 90 millones de personas y de una existencia de 2,250 años; antes de que naciera la nación norteamericana en 1776.
Frente a esa política militarista irracional varias veces superior a la implementada por el perturbado mental, Adolfo Hitler, que llevó al mundo a la Segunda Guerra mundial con su secuela de muertes y destrucción; millones de veces se han levantado en todo el mundo pidiendo fin al desenfreno Trumpista, clamando por el diálogo, el respeto entre las naciones y la paz en el mundo.
Pero sus locuras lo están llevando a perder el apoyo de sus más fervientes seguidores; como los del ultraderechista Make América Great Again (MAGA), soporte fundamental en su campaña; y la crítica a su política militarista estrenada por Marjorie Taylor Greene, una de sus principales líderes así lo atestiguan.
El porcentaje de los estadounidenses que están en contra de su accionar tanto interno como externo ya sobrepasa el 70 %, y más de 8 millones de ciudadanos en miles de ciudades se han manifestado bajo la consigna de NO KINGS.
Su política también ha creado un malestar dentro de los altos mandos militares, lo que ha provocado una verdadera purga dentro de los mismos, donde se habla de más de 30 generales retirados sorpresivamente.
Y ahora para no dejar de buscar con quién pelear, su majestad, ha atacado de forma iracunda al jefe de la iglesia católica, el Papa León XIV, al que calificó de débil y «alineado con la izquierda radical», tras la crítica del pontífice a la política exterior de EEUU en Irán y Venezuela, a la que este respondió pidiendo al Papa dejar de intervenir en política y centrarse en su labor religiosa.
Frente a esa forma amenazante y desconsiderada, la respuesta de León XIV no se hizo esperar dejando claramente establecido que no se dejará intimidar y que el Vaticano mantendrá su postura firme en defensa de la paz y el diálogo, lo que ha creado un cisma entre la iglesia, su tradicional aliada, y su administración.
Frente a esta nueva confrontación me pregunto ¿Con quién más es que Trump va a chocar?
¿Quién será el próximo?
¿Hasta cuándo se seguirá permitiendo que sus acciones nos conduzcan al inevitable desfiladero?
Sólo espero que los que queden vivos no tengan el dolor del arrepentimiento por no haber hecho nada para evitar el peligro que nos acecha. ¡QUE DIOS NOS AGARRE CONFESADO!






