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Por Iscánder Santana
Zúrich, Suiza
Un congreso que eleva al país
Hay eventos que pasan, y hay otros que dejan huella. El Primer Congreso Internacional de Geopolítica celebrado en la República Dominicana pertenece a esta segunda categoría. No solo por la calidad de sus invitados, sino por el mensaje que proyecta: nuestro país puede —y debe— ocupar un lugar más alto en la conversación sobre geopolítica, crisis internacionales y pensamiento estratégico.
Lo que se vivió en ese congreso fue más que una jornada académica. Fue una afirmación de madurez intelectual y de ambición nacional. La República Dominicana demostró que también puede ser sede de espacios de reflexión serios, de altura, con capacidad de convocar voces relevantes del debate internacional.
Invitados de primer nivel
La presencia de figuras como Pedro Baños, Alfredo Jalife y Ana Esther Ceceña elevó la calidad del encuentro y confirmó que no se trató de un evento improvisado, sino de una convocatoria pensada para discutir ideas de peso, con especialistas capaces de aportar miradas distintas y profundas sobre el mundo que vivimos.
A ello se sumó el valor de las intervenciones locales y la participación de personalidades de gran relevancia política e institucional. El ministro de la Presidencia, José Ignacio Paliza, y el expresidente Leonel Fernández estuvieron presentes, aportando una dimensión de Estado que refuerza la seriedad del proyecto. Cuando un país logra reunir en un mismo espacio el rigor académico y el peso de sus figuras públicas, gana prestigio, pero también gana perspectiva. Y en tiempos de incertidumbre global, eso vale muchísimo.
Manuel Cruz y una visión necesaria
Es justo reconocer el esfuerzo, la visión y la perseverancia del profesor Manuel Cruz, a quien muchos valoramos por haber impulsado esta iniciativa con convicción y claridad de propósito. Su trabajo demuestra que todavía existen dominicanos dispuestos a pensar en grande, a construir instituciones y a abrir caminos donde antes solo había rutina o resignación.
No es poca cosa crear un congreso de esta naturaleza. Menos aún cuando se hace con la intención de sembrar una tradición de pensamiento y debate nacional. Manuel Cruz ha entendido que un país sin reflexión estratégica queda siempre a merced de las coyunturas. Y por eso su aporte merece reconocimiento.
El valor del centro de pensamiento
La creación del Centro de Pensamiento Estratégico Dominicano es, quizás, uno de los elementos más importantes de todo este proceso. En una región donde abundan los discursos improvisados y escasean los espacios permanentes de análisis, fundar un centro dedicado a estudiar geopolítica, crisis y relaciones internacionales es un acto de gran trascendencia.
Un centro de pensamiento no es un adorno académico, es una herramienta de país. Sirve para formar criterio, producir ideas, construir propuestas y ayudar a que la sociedad entienda mejor su entorno. En ese sentido, la República Dominicana da un paso valioso hacia una cultura política más madura y más preparada para leer el mundo.
Consuelo Despadrel y la idea que germinó
Quiero también reconocer con respeto y admiración a doña Consuelo Despadrel, mentora de esta idea, por haber contribuido a sembrar una iniciativa tan necesaria. En todo gran proyecto hay personas que inspiran, orientan y sostienen la visión inicial. Su papel merece ser reconocido porque detrás de una obra de valor siempre hay una voluntad que la hace posible.
Una señal de esperanza
Otro aspecto que no debe pasar desapercibido es la presencia de público joven. Ver a tantos jóvenes interesados en este tipo de debates es una señal alentadora. Significa que no todo está perdido, que aún hay hambre de ideas, curiosidad intelectual y deseo de comprender el mundo más allá del ruido cotidiano.
Y eso, en un país que a veces parece atrapado entre el escepticismo y la superficialidad, es una noticia extraordinaria.
Un país con vocación de pensamiento
Este congreso deja una lección clara: la República Dominicana no solo puede consumir análisis, también puede producirlo. No solo puede recibir ideas, también puede generarlas. Y cuando un país se atreve a pensar estratégicamente su presente y su futuro, empieza a caminar con otra dignidad.
Ese es el verdadero valor de este tipo de eventos, recordarnos que todavía hay espacio para la inteligencia, la visión y la esperanza.






