
Por ser la que me queda mas cerca dejamos la conocida como La Playita de Luperón para el día de salida, aunque esta vez llegamos de una forma inusual
Por Martín Bolívar Rosario Campusano

La bahía de Luperón, municipio de Puerto Plata, es sin quizas una de las marinas mas bellas del país, esto debido principalmente a que no está construida por el hombre, sino que es la única (según mi conocimiento) que es una formación natural.
Los yates allí atracados están muy bien protegidos, ya que el mar no puede entrar de manera directa, sino que hay unas curvas formadas por la costa que hacen que haya una paz en el agua sobre la que posan.
Es uno de los lugares que siempre visito, y no me canso de admirar esta belleza de la naturaleza. También tiene un restaurante abierto mas de 12 horas en el día, donde puedes comer bien o disfrutar de unos cocteles que preparan los chicos y chicas que allí trabajan y que son muy amables; en esta ocasión elegimos el famoso Aperol Spritz que es uno de mis cocteles favoritos.

Luego, como siempre teníamos que ir a la playa, es una de nuestras costumbres para ese lugar, pero decidimos llegar hasta ella a bordo de dos lanchitas que nos llevarían a recorrer la bahía y luego darnos el acostumbrado baño de mar que tanto nos gusta.
El paseo nos gustó mucho, ya que a pesar de haber ido tantas veces no habíamos hecho este recorrido así, fuimos a La Playita, una playa que nos gusta mucho y que disfrutamos bastante, también la que dejamos de último, no por que las otras sean mejores, sino que al quedarnos tan fácil sabemos que en algún momento del viaje pasaremos por ella.
Como siempre el baño fue excelente y luego regresamos al puerto para regresar a la casa.

Este día sería el último de este viaje, ya que después de la comida tendríamos que despedirnos e irnos a tomar el vuelo que nos traería de vuelta a nuestra casa en España.
Con este artículo, termino la serie de este viaje que ha sido encantador como todos los que hacemos, pero que tiene el sabor especial de la tierra, la familia, los sabores, los amigos, los recuerdos de la niñez, la juventud y la adultez; los encuentros con amigos del barrio, de la universidad, del trabajo no tienen precio; y sobre todo los abrazos con los familiares cercanos y los no tan cercanos.
El viaje siempre estará en nuestras memorias, al igual que todos los que han hecho posible que la estancia aquí fuese tan placentera; cada vez que estamos aquí sentimos que ha sido corto, pero también esto nos deja el sabor de regresar y quien sabe si en menos tiempo.
Hasta pronto Moca, La vega, Puerto Plata, Nagua, Monte Cristi, Santiago y el Distrito Nacional que fueron los lugares visitados en esta ocasión, un fuerte abrazo para los que nos acogieron y nos soportaron estas dos semanas, se quedan con un pedacito de nuestro corazón.







