
Aunque las últimas imágenes han reactivado los rumores de enfermedad, él ha depositado su confianza en uno de los proyectos científicos más ambiciosos del planeta para retrasar el envejecimiento, fabricar órganos en laboratorio y acercar la vida humana a los 150 años
Mientras crecen los rumores sobre el deterioro físico de Vladimir Putin y posibles problemas neurológicos, el presidente ruso parece haber convertido la lucha contra el envejecimiento en una auténtica cuestión de Estado.
El mandatario ruso lleva años destinando miles de millones de dólares a un ambicioso programa científico cuyo objetivo último es prolongar la vida humana hasta límites que rozan la ciencia ficción. Pero a pesar de su gigantesca cruzada contra la muerte, las dudas sobre su estado físico se han reavivado en las últimas semanas tras varias apariciones públicas en las que el líder del Kremlin mostró una imagen más frágil de lo habitual.
Según algunos medios ucranianos, mostró dificultades en el habla durante un discurso oficial y movimientos aparentemente torpes durante un encuentro con el presidente chino, Xi Jinping. Un antiguo redactor de discursos citado por el medio ucraniano «Anyway News» dice que Putin habría sufrido un ictus en 2022, coincidiendo con los primeros meses de la invasión de Ucrania.

«Un golpe psicológico muy grave»
Según esta teoría, recogida por diversos medios internacionales, el fracaso de la esperada victoria rápida sobre Kiev habría supuesto para el mandatario un «golpe psicológico muy grave». A partir de entonces, asegura este antiguo colaborador, comenzaron a apreciarse temblores y otros síntomas físicos que alimentaron las especulaciones sobre su salud.

Sin embargo, más revelador que los rumores médicos resulta el extraordinario interés personal que Putin parece sentir por la longevidad. La pista apareció de forma inesperada el pasado otoño, cuando un micrófono abierto captó una conversación entre Putin y Xi Jinping sobre la posibilidad de que los trasplantes de órganos permitan algún día vivir hasta los 150 años. Aquella escena despertó la curiosidad de Bojan Pancevski, corresponsal político jefe en Europa de «The Wall Street Journal», que decidió investigar hasta qué punto la obsesión del presidente ruso por la vida prolongada iba más allá de una simple conversación informal.
Minicerdos modificados genéticamente
Lo que descubrió fue un programa estatal valorado en unos 26.000 millones de dólares. Según explicó posteriormente en el pódcast «Today, Explained», Rusia está financiando investigaciones sobre bioimpresión tridimensional de órganos humanos, terapias celulares, péptidos antienvejecimiento y xenotrasplantes. Es decir, el uso de órganos cultivados en minicerdos modificados genéticamente para ser implantados en seres humanos.
La idea parece sacada de una novela futurista. Laboratorios capaces de imprimir corazones, hígados o pulmones mediante tecnología 3D. Granjas especializadas en criar minicerdos diseñados para proporcionar órganos compatibles. Científicos dedicados a ralentizar el envejecimiento celular. Y detrás de todo ello, el respaldo decidido del Kremlin.
Putin es conocido por su afición a las cámaras criogénicas, una especie de saunas inversas en las que se exponen durante unos minutos a temperaturas extremas bajo cero. El excanciller austríaco Sebastian Kurz recordó que, durante una reunión en el Kremlin, dedicó una parte sorprendentemente extensa de la conversación a hablar sobre longevidad y crioterapia, cuando se suponía que debían estar discutiendo cuestiones geopolíticas.
Tampoco es casual que una de las personas involucradas en estas investigaciones sea su hija, la endocrinóloga María Vorontsova. Según Pancevski, ha recibido financiación estatal para desarrollar proyectos relacionados con la longevidad, una señal de hasta qué punto este asunto posee una dimensión personal para el presidente ruso.

Putin no sería el primer gobernante ruso empeñado en desafiar al tiempo. El propio Stalin contó con asesores especializados en prolongar la vida humana y financió investigaciones que prometían alcanzar edades cercanas a los 140 años. Irónicamente, muchos de aquellos gurús de la inmortalidad murieron mucho antes de alcanzar las metas que proclamaban.
Fuente: La Razón





