

Aurelio Vega Astudillo es jefe de Sección de Neurorradiología del Hospital Universitario Puerta de Hierro Majadahonda
Actuar a tiempo resulta crucial para salir airoso de un episodio cardiovascular como el ictus. De ello bien sabe el doctor Aurelio Vega, jefe de Sección de Neurorradiología del Hospital Universitario Puerta de Hierro Majadahonda.
¿Qué papel juega la neurorradiología al detectar un ictus?
Resulta fundamental en su diagnóstico. De hecho, el tratamiento actual del ictus isquémico depende casi por completo de la información que proporciona la imagen, pues permite determinar si el paciente es candidato a trombólisis intravenosa, trombectomía mecánica o tratamiento conservador.
¿Cómo influye la inmediatez?
Una característica esencial del neurorradiólogo es que la rapidez de su actuación es determinante: cada minuto de retraso supone la pérdida de 1,9 millones de neuronas, lo que explica por qué los protocolos actuales se centran en reducir al máximo el tiempo desde la llegada del paciente hasta la obtención de las imágenes y el inicio del tratamiento («time is brain»).
¿Con qué herramientas cuentan para lograr esa agilidad?
Tras la evaluación inicial por parte del neurólogo clínico procedemos los neurorradiólogos a realizar una prueba de imagen que es el TAC, aunque en contadas ocasiones también podemos realizar estudios similares con resonancia magnética, la cual es básicamente empleada en el ictus pediátrico. Al realizar un estudio mediante TAC, de manera sistemática obtenemos tres tipos de estudios: TAC simple para valorar el estado del parénquima cerebral; estudio mediante AngioTC, que nos muestra la arteria cerebral ocluida y analiza la circulación colateral, y estudio TAC perfusión.
¿Qué hitos han marcado esa labor de diagnóstico?
La aparición de las nuevas generaciones de TAC helicoidales y multicorte, con una muy alta velocidad de adquisición de imágenes y programas avanzados de software para adquirir imágenes de reconstrucción 3D de angioTC, así como programas de perfusión para valoración de viabilidad del tejido cerebral ya necrosado del que es todavía viable y rescatable si hacemos una trombectomía eficiente.
Recientemente ha introducido en su hospital el software Rapid AI, ¿en qué consiste?
Es una de las plataformas de inteligencia artificial más utilizadas en el mundo para el manejo del ictus agudo. No sustituye la valoración del neurorradiólogo o del neurólogo, sino que acelera el análisis de las imágenes y facilita la toma de decisiones en minutos críticos.
¿Cómo funciona?
Cuando se realiza una TC, una angio-TC o una TC de perfusión, las imágenes se envían automáticamente al servidor de RapidAI. Entre uno y tres minutos, el software genera mapas y mediciones cuantitativas que se distribuyen al equipo de ictus en ordenadores y teléfonos móviles. Este sistema nos permite calcular los siguientes parámetros: Rapid CTA / Rapid LVO detecta una oclusión de gran vaso (carótida interna, cerebral media, etc.). Envía una alerta inmediata al equipo de ictus; Rapid CTP (perfusión) calcula el volumen del núcleo del infarto (tejido irreversible), volumen de penumbra isquémica (tejido recuperable) y mismatch, que es la diferencia entre ambos. Estos parámetros son fundamentales para decidir una trombectomía, especialmente en pacientes con ventana terapéutica extendida. Y Rapid Aspects calcula la puntuación Aspects sobre la TC sin contraste que nos indica las regiones ya infartadas anatómicamente y por lo tanto no recuperables.
¿Qué ventajas aporta?
Reduce el tiempo desde la imagen hasta la decisión terapéutica, facilita la activación precoz del equipo de neurorradiología intervencionista, mejora la coordinación entre hospitales de una red de ictus y permite valorar pacientes candidatos a trombectomía incluso hasta 24 horas tras el inicio de los síntomas cuando cumplen los criterios de los ensayos Dawn y Defuse-3.
¿Es perfecto?
No. Aunque tiene una alta precisión, puede producir falsos positivos y falsos negativos. Por ello, las recomendaciones actuales insisten en que RapidAI es una herramienta de apoyo y nunca sustituye la interpretación del neurorradiólogo y del neurólogo.
¿Su uso está muy extendido?
Está implantado en más de 2.500 hospitales de más de 100 países y dispone de múltiples módulos autorizados por organismos reguladores como la FDA para diferentes aplicaciones en el ictus.
¿Qué beneficios logra de cara al paciente?
Posee una fiabilidad enorme. Además, nos da un análisis cuantitativo (numérico) del volumen del tejido irrecuperable y el que podemos recuperar al realizar la trombectomía, siendo por tanto extraordinariamente útil.
¿Cómo cambia todo esto el pronóstico de una persona?
Necesitamos herramientas potentes y rápidas que nos hagan tomar una decisión científicamente correcta acerca de la magnitud del ictus que estamos tratando. Gracias a estas herramientas, y al avance exponencial en los catéteres que utilizamos para sacar trombos de las arterias cerebrales, hemos conseguido recuperar en el momento presente a más de un 30% de pacientes con ictus que anteriormente presentaban un notable deterioro neurológico.
¿Qué otras innovaciones están por llegar?
El neurointervencionismo está viviendo probablemente la mayor revolución desde la introducción de la trombectomía mecánica. En los próximos 5-10 años veremos avances en IA, robótica, nuevos dispositivos y medicina personalizada que cambiarán la práctica diaria: IA integrada en tiempo real (pasará de ayudar en el diagnóstico a asistir durante el procedimiento); robótica endovascular; catéteres inteligentes; imagen mucho más avanzada; nuevos dispositivos para aneurismas; nuevos tratamientos para el ictus, medicina personalizada y realidad aumentada.
FUENTE: La Razón







