
Los conceptos emitidos en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor
Por: Marisela Gutiérrez
No escribo para agradar, escribo para que despierten.
Así se califican los accidentes provocados por motoristas en la República Dominicana: una verdadera carnicería de dos ruedas. Cada día se pierden vidas en las carreteras y calles del país, no solo de quienes conducen motocicletas, sino también de personas inocentes que terminan siendo víctimas de la imprudencia, la falta de protección y el irrespeto a las normas de tránsito.
La realidad es alarmante. Muchos motoristas circulan sin casco protector, sin licencia de conducir, sin seguro y, en numerosos casos, sin la preparación necesaria para manejar de forma responsable. Esta situación no solo pone en riesgo sus propias vidas, sino también la de peatones, pasajeros y conductores de otros vehículos.
Detrás de cada accidente hay familias destruidas, hijos huérfanos, padres sumidos en el dolor y hogares marcados por el luto. Sin embargo, parece que nos hemos acostumbrado a ver estas tragedias como algo normal, cuando en realidad deberían ser motivo de una profunda reflexión y de acciones firmes por parte de las autoridades y de la sociedad en general.
No se trata únicamente de imponer multas o realizar operativos temporales. Se necesita educación vial, aplicación constante de las leyes y una verdadera cultura de respeto a la vida. Porque mientras sigamos ignorando el problema, la cifra de muertos y lesionados continuará aumentando.
Cada motocicleta conducida con irresponsabilidad puede convertirse en un arma mortal. Y cada vida perdida representa una tragedia que pudo evitarse.
Es tiempo de actuar antes de que más familias tengan que vestirse de negro por culpa de esta creciente carnicería de dos ruedas.







