
Los conceptos emitidos en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor

JOHNNY SANCHEZ
Balotaje muestra que las fuerzas en cada extremo parecen estar equilibradas; la JCE de allá, llamada CNE, está contando y recontando votos
Durante semana del 14 al 21 junio hubo por ley, un silencio electoral, sólo los hilos tras bambalinas se movieron de múltiples formas, las entrevistas, eran a diario, pero hubo cero alcoholes día de votación, se cumple ley, aunque tengas tu litro en tu casa, no podrás ir a votar alcoholizado utilizando el temor y la agresión como estrategias para captar al electorado indeciso e indiferente.
Ciertamente, el temor y la mentira se alimentan el uno al otro en una perversa simbiosis que oscureció el ambiente previo a las elecciones, pero que también genera una enorme expectativa sobre lo que pueda pasar una vez se conozcan los resultados de las votaciones.
En los centros urbanos, donde se concentra el mayor porcentaje de votantes activos y se mantiene ese caudal electoral de algo más de 17 millones de colombianos que no votaron en la primera vuelta, la mentira satura las redes sociales y se dispersa por todos los canales digitales. El objetivo fue atraer a una u otra campaña a quienes aún no deciden por quién votar, e incluso a aquellos que no han decidido si lo harán.
Hoy hay temor.
Temor que se le ha inyectado a los seguidores de Iván Cepeda —la mayoría de ellos de sectores humildes— sobre el riesgo que corren los beneficios y subsidios dados por el Gobierno Petro si el oficialismo pierde las elecciones, mantiene cautiva a esa franja de la población. Sin lugar a dudas, el mayor logro de ese Gobierno es haber monetizado la dignidad de los colombianos menos favorecidos.
Nadie puede QUITARTE lo que ya por ley tienes, a menos que otra ley lo modifique, eso no pasará y tampoco si gana el «tigre» habrá una vendetta contra los Petro/Cepeda, so pena de exponerlos como mentirosos a gente de Abelardo
Mientras el temor y la desinformación digital se expanden por las ciudades, el panorama en la Colombia rural es aún más dramático.
Hoy en día, los grupos armados ilegales no solo sostienen el control territorial y social, sino que siguen carnetizando a los pobladores y buscan constreñir su voto; tratan de identificar a quienes en primera vuelta depositaron en las urnas la papeleta marcada a favor de un candidato diferente al impuesto por ellos. Esta situación somete a un temor constante a los campesinos y a un alto porcentaje de indígenas de oposición.
Ya el trabajo político está hecho, las plazas públicas se han cerrado para los discursos y solo queda ese campo infinito de las redes sociales, donde los seguidores se disparan mentiras y verdades que, al final, terminan fundiéndose en ese mundo gris de la desinformación. Señalamientos, denuncias y acusaciones son, en estas últimas horas, la fórmula aplastante de unas propuestas que muchos desconocen pero que a gritos defienden. Se podrá observar cualquier manifestación de hacer política, pero en las postrimerías del proceso electoral, los argumentos sucumben ante los sentimientos de temor e incertidumbre.
A Gustavo Petro le asusta la idea de que Abelardo de la Espriella gane las elecciones, y ese temor está muy bien fundado, pues sus múltiples y muy cuestionadas actuaciones —no solo las propias, sino las de muchos miembros de su equipo de gobierno— serán revisadas con lupa y pasarán a manos de los organismos correspondientes con los efectos penales, fiscales y disciplinarios que sean del caso.
Confío en que el sentimiento de país, ese amor patrio que debe caracterizar a los líderes de la nación, se refleja cuando la Registraduría Nacional del Estado Civil efectúe el pre conteo y el Consejo Nacional Electoral lo confirme tras los escrutinios.
Paciencia y paz, es vital que tanto el perdedor como el ganador demuestran la altura necesaria para aceptar los resultados, pues esa es la base fundamental para empezar a construir un mejor país, y que de ninguna manera impulsen acciones que lleven a Colombia a tomar un rumbo del cual sea más complejo salir.






