
Los resultados aún no conceden ni a la coalición de Netanyahu ni a la oposición mayoría para gobernar
Si incluyera a los partidos árabes, que han recibido el mayor respaldo de los electores en la historia del país, formaría una cómoda mayoría para gobernar.
Pero por ahora, todos sus partidos miembros se niegan, salvo los Demócratas.
Y aunque Netanyahu superó los resultados de las encuestas a pie de urna, -que daban ventaja a la coalición opositora de Eisenkot durante las primeras horas-, ninguno de los dos bloques alcanzará la mayoría de 61 escaños. Esto prepara el terreno para semanas de intensas negociaciones en torno a la formación del próximo Gobierno del país.
Los analistas señalan que Netanyahu sale de estas elecciones debilitado, pero no derrotado. Su bloque se encamina a obtener 53 escaños, 11 menos de los que tiene en la actualidad. Por su parte, el bloque de Eisenkot por ahora reúne 48 escaños, lo que deja a ambos líderes sin un mandato claro para encabezar un gobierno.
Quedan 500.000 votos por escrutar, los de los diplomáticos, soldados, presos y otras personas que votaron fuera del país.
Estos votos podrían modificar algo el número total de escaños de cada bloque o su distribución, ya que se trataría de unos 12 escaños, no obstante, es poco probable que alteren el equilibrio de poder general.
¿Y ahora qué?
El presidente de Israel, Isaac Herzog, comenzará la próxima semana una ronda de consultas con los distintos partidos antes de encargar a Netanyahu o a Eisenkot la formación de un gobierno. «Debemos hacer todo lo posible, especialmente después de lo ocurrido ayer, para evitar una nueva ronda de elecciones. Por ello, espero que todos los que vengan aquí lo hagan con la mente abierta», declaró el presidente el miércoles.
Si ninguna de las partes logra reunir una mayoría, habría una nueva ronda de elecciones, posiblemente en el mes de abril.
Desde hace días se rumorea que Herzog quiere convencer a Netanyahu y a Eisenkot para que formen un gobierno de unidad, pero Netanyahu no parece interesado en esa opción. El martes por la noche, abogó por un «gobierno de derechas fuerte».
Desde hace tiempo se especula con la posibilidad de que el primer ministro trate de atraerse a alguno de los líderes de la oposición para que se una a sus filas.
Otra posibilidad es que Eisenkot intente formar un gobierno en minoría con el apoyo externo de los partidos árabes, como ya han ofrecido éstos. Sin embargo, un gobierno de este tipo podría derrumbarse al poco tiempo y, en consecuencia, conducir a una victoria de Netanyahu en los siguientes comicios.
El nuevo parlamento prestará juramento la próxima semana y es probable que la oposición al actual Gobierno ocupe cargos clave en la knéset. Esto permitiría a Eisenkot y a sus aliados designar a la importante figura de presidente del parlamento, controlar la agenda legislativa y aprobar leyes consensuadas, como la creación de una comisión nacional de investigación sobre los fallos de seguridad que propiciaron los ataques del 7 de octubre que la sociedad israelí reclama ruidosamente.
Por ahora, los analistas convienen en que para Netanyahu, mantenerse como primer ministro en funciones hasta la celebración de nuevas elecciones debe ser su opción preferida. Le otorgaría facultades casi plenas para dirigir la seguridad nacional y la política exterior del país, así como para impulsar una nueva guerra contra Irán.
Robar las elecciones
«Las elecciones en el Estado de Israel fueron robadas por partidos árabes que apoyan el terrorismo y la destrucción del Estado judío mediante graves delitos, tales como sobornos, amenazas, violencia, fraude y el uso de software prohibido para incitar a los votantes», señaló el Likud en un comunicado, añadiendo que estaba presentando «cientos de testimonios y pruebas del robo electoral en numerosos centros de votación árabes».
El partido de Netanyahu reaccionó así a los buenos resultados electorales de los partidos árabes israelíes y pidió que la policía y el servicio de seguridad Shin Bet investiguen estas acusaciones, para las cuales no aportó ninguna prueba.
La Comisión Electoral Central respondió, señalando que había recibido la queja del partido y que «ha puesto en marcha, como hace tras cada elección, un procedimiento de supervisión en el marco del cual se examinarán todas las quejas de los partidos relativas a la integridad electoral o a posibles errores en los resultados».
FUENTE: La Razón




