Testigo del tiempo
Los conceptos emitidos en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor
Por J.C. Malone
Como estamos viviendo una “guerra eterna”, desde Vietnam hasta hoy, generalmente pocos votan pensando en esos conflictos.
Hoy, vinculamos el alto costo de vida con las guerras de Irán y Ucrania, eso es mala noticia para el presidente Donald Trump. Buena noticia es que el Partido Demócrata está dividido.
Los gobiernos europeos aliados a los demócratas, enfrentan inestabilidad social, escasez alimentaria, crisis generalizada; aquí todo está carísimo, pero disponible, también disfrutamos de paz social.
La “paz” en una o ambas guerras, beneficiaría a los republicanos. Trump debe actuar como mago, y sacar conejitos del sombrero, en los próximos días apoyando a los candidatos republicanos.
Si nos comparamos con Europa, Trump gana; los demócratas pueden ganar si construyen una mejor ilusión. Aclaremos algo: nadie resolverá absolutamente nada.
Los políticos son ludópatas: como los apostadores, son adictos al juego, viven obsesionados con ganar. Nada más importa.
La situación es hasta risible dependiendo de la perspectiva desde la cual se observe. En Nueva York, por ejemplo, hace poco se publicó una fotografía de la gobernadora, candidata a reelegirse, Kathy Hochul, en un acto proselitista, flanqueada por dos derrotados.
De un lado tenía a la congresista boricua Nydia Velázquez, casi 40 años en el Congreso; se “retiró”: eso lo hacen los “polítios decentes” cuando los números no le cuadran. Ella no pudo reelegirse, pero la gobernadora se apoya en ella para su reelección.
Del otro lado, le levantó la mano Adriano Espaillat, quien, después de 30 años en el poder, perdió de una desconocida.
Como Nydia no puede ganar, se retira, Adriano perdió, pero Hochul pretende hacer una ecuación algebraica y usar dos derrotados para sacar una ganadora. Tiene mucho de tragicómico, dos candidatos reventados, explotados, derrotados, le darán el triunfo a Hochul.
Un Partido que mantenga el estado de cosas vigente con la crisis económica actual no merece apoyo politico ciudadano, pero tampoco lo merece un partido dividido.
Quizá la adicción ludópata de nuestra clase política, no nos dejará otro camino que el del pueblo europeo. Tomar las calles.






