
Los conceptos emitidos en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor
Por Becker Márquez Bautista
Un país se transforma cuando sus ciudadanos respetan las leyes, asumen su responsabilidad cívica y entienden el gran compromiso que tienen con su sociedad y con su patria. Es imperativo que desde los hogares y centros educativos salgan ciudadanos ejemplares, que sepan, desde esas dos columnas, que la corrupción, el nepotismo, la violación a la ley y el irrespeto a los recursos del Estado no nos conducen a nada sino al deterioro social.
Desde los partidos políticos hay que crear conciencia en la militancia, para que los simpatizantes sepan que todo aquel que pretenda ir al Estado a hacer negocios, a utilizar las instituciones públicas para elevar su ego personal y saquear las arcas públicas, no tiene espacio en esta sociedad. Hay que forjar liderazgos comprometidos con el medio ambiente, con el progreso y con el bienestar del país; líderes que sean los verdaderos garantes del buen manejo de los fondos del Estado.
Hay que aprender a desterrar a los ladrones que se anidan en los partidos políticos, en el empresariado privado y en los diferentes gremios profesionales del país.
Asimismo, hay que elegir representantes al Senado, a la Cámara de Diputados y alcaldes comprometidos con el pueblo y no con los grupos nefastos que se asocian con las cúpulas partidarias para saquear la nación. Debemos escoger candidatos comprometidos con la creación de políticas públicas que impacten a favor del desarrollo de sus conciudadanos; es urgente educar a la población dominicana para que aprenda a escoger a los mejores y deje de conformarse con «el menos malo» de la política.
La rendición de cuentas no puede ser un juego ni un mero trámite, debe ser algo sagrado, y todo aquel que no cumpla con este compromiso social debe recibir la muerte política. En la República Dominicana, los políticos debemos aprender de una vez por todas la cultura de la dimisión; cuando un funcionario falla, es investigado o no da la talla en su cargo, debe tener la decencia y la vergüenza de renunciar de inmediato, en lugar de atrincherarse en el puesto para proteger su impunidad.
Es hora de depurar el patrimonio de los posibles candidatos y realizarles pruebas de antidoping para asegurar quién es ese individuo y si realmente es merecedor de una curul en el Congreso o de un asiento en un ayuntamiento. No podemos continuar permitiendo que riferos y personas allegadas al narcotráfico sigan legislando en el Congreso o dirigiendo cualquier otra institución pública.
Si los ciudadanos no asumimos nuestra responsabilidad, tenemos que tener claro que esos políticos basura hundirán la isla; perderemos todos y seremos cómplices absolutos de ese hundimiento.







