
Los conceptos emitidos en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor
Por Becker Márquez Bautista
Hace poco, durante una entrevista en el programa Matutino Su Mundo TV, afirmé algo que a muchos les cuesta asimilar, pero que los números y las estructuras dictan con claridad: la llave para ganar las elecciones del 2028, entrar al Palacio Nacional y ponerse la banda presidencial la tienen Danilo Medina e Hipólito Mejía.
Las matemáticas, el empate técnico y el fantasma de la abstención
Si observamos las encuestas actuales, los números están distribuidos de la siguiente manera: el Partido Revolucionario Moderno (PRM) cuenta con un 26,4 %, el Partido Fuerza del Pueblo (FP) tiene un 20,9 %, y el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) retiene un 20,4 %. Para efectos de este análisis, dejaremos a un lado a los partidos minoritarios y a ese 30,1 % que representa a los indecisos. Sin embargo, quiero resaltar un dato demoledor: la abstención para el 2028 se proyecta entre un 45 % y un 55 %, lo cual le otorga aún más peso a mi análisis.
La ecuación es sencilla: a mayor movilidad y acarreo del votante, mejores posibilidades tendrá la oposición.
Aquí es vital detenernos en un detalle crucial: existe un empate técnico absoluto entre la Fuerza del Pueblo y el PLD. Con apenas un 0,5 % de diferencia, los números nos gritan que ninguna de las dos organizaciones logra hegemonizar el liderazgo de la oposición. Este empate técnico cambia por completo las reglas del juego y corrobora mi planteamiento inicial: al estar las fuerzas opositoras tan igualadas y neutralizadas entre sí, el peso de una alianza estructural lo definirá todo.
Al analizar este escenario con profundidad, la conclusión es simple y matemática: hay una segunda vuelta inminente. Ninguna fuerza política tiene, por sí sola, la capacidad de cruzar el umbral del 50+1. Es precisamente en ese margen, y ante ese evidente empate técnico opositor, donde radica la necesidad absoluta de contar con el apoyo estratégico de Danilo Medina o de Hipólito Mejía.
El operador y la ingeniería política
Para entender el verdadero juego del poder hay que despojarse de la pasión y entrar a lo que los estrategas llamamos «ingeniería política» . Aquí es donde brilla la figura del operador político, esa pieza clave encargada de asegurar el triunfo electoral.
A diferencia del candidato (que es quien da la cara) o del estratega de marketing (que diseña el mensaje), el operador político es quien teje las redes, moviliza las estructuras en el territorio, amarra los compromisos y garantiza el control del voto y las alianzas.
Los garantes del triunfo
Es en esta dinámica donde Hipólito Mejía y Danilo Medina se erigen como los indiscutibles garantes del triunfo electoral para el 2028. En un escenario de segunda vuelta, con alta polarización y una abstención proyectada que supera el 45 %, ganar no depende solo del carisma de un candidato, sino del peso de las maquinarias partidarias. Ambos expresidentes poseen la experiencia del Estado, el respeto de sus tropas y la capacidad logística para inclinar la balanza. Quien logre pactar con uno de ellos, estará sumando no solo un porcentaje en las encuestas, sino un ejército de operadores listos para defender los votos en las urnas. Sin el endoso de uno de estos dos colosos, cualquier proyecto presidencial corre el riesgo de quedarse a las puertas del poder.
El peso del PLD:
No es un secreto para nadie que Danilo Medina es un excelente estratega. Fue presidente durante dos períodos y su gestión es el gobierno de referencia con el cual se suele comparar al actual mandato de Luis Abinader. Danilo es el líder indiscutible del PLD y maneja en la actualidad ese sólido 20,4 % del electorado dominicano. Con el empate técnico respirándole en la nuca a la oposición, con quien él decida tejer una alianza y apoyar, ese será el próximo presidente.
El contrapeso en el PRM:
Con Hipólito Mejía pasa exactamente lo mismo a lo interno del PRM. Si él decide dividir o restarle apoyo a su partido, causaría una derrota electoral inminente para el oficialismo. Por tal motivo, el candidato que logre el respaldo de Hipólito será quien asegure la victoria en 2028, ya que él es uno de los líderes históricos fundamentales y aglutina una fuerza interna enorme capaz de definir cualquier convención y elección nacional.
Conclusión
No se equivoquen ni se dejen nublar por las emociones del momento. Analicen bien el tablero de ajedrez. Cuando yo afirmo que estos dos colosos de la política son los que tienen la llave del Palacio Nacional y la del baúl donde está celosamente guardada la banda presidencial del 2028, no es una especulación al aire; es la fría y exacta realidad que la ingeniería política nos demuestra.







