
Hacemos votos por la paz de Haití, que es también la paz de la República Dominicana, pero mediante la gestión de una embajadora cristiana, dinámica y humana
Los conceptos emitidos en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor
Por Roberto Valenzuela
A las puertas del 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos, hemos venido analizando el impacto de esa nación en Haití y República Dominicana. Quien estudia la historia de los pueblos y su diplomacia sabe la importancia estratégica de contar —o no contar— con una embajada activa y con un embajador en funciones.
Ha ocurrido en distintos momentos, cuando administraciones demócratas han dejado vacíos diplomáticos en República Dominicana que impactan las relaciones bilaterales.
Los gobiernos republicanos siempre procuran que tengamos una adecuada representación diplomática. Suelen ser más respetuosos y tolerantes con las creencias religiosas y las costumbres del pueblo dominicano. Al contrario, como reportero, recuerdo a dos embajadores demócratas que nos generaron a los dominicanos muchos dolores de cabeza.
Crearon conflictos que, desde el punto de vista de la diplomacia, eran innecesarios. La diplomacia, una carrera tan valiosa para la solución de conflictos, era precisamente lo que menos se practicaba en esos casos.
Tanto Haití como República Dominicana han tenido más problemas con administraciones demócratas que con republicanas. En 1915 invadieron Haití y, en 1916, ocuparon República Dominicana.
Y en 1963 fueron los demócratas quienes fueron señalados como artífices del golpe de Estado a Juan Bosch, uno de los gobernantes más democráticos y más votados en la historia, además de su reconocida honestidad. En 1965 intervinieron durante la guerra civil dominicana.
El caso es que hay que reconocer los parabienes de la señora embajadora, Leah Francis Campos, quien ha logrado acercamiento con todos los sectores, sin discriminar.
Se reúne tanto con sectores populares como urbanos, visitando la Catedral Primada de América o Higüey para venerar a la Virgen de la Altagracia, así como compartiendo en espacios como colmados populares, como La Venganza, y también con empresarios y sectores de la élite económica.
Una de las cosas que más nos ha agradado es que ha traído dinamismo a la Embajada, promoviendo su país. Para los 250 años de la independencia de Estados Unidos, organizó un concurso para quienes mejor canten el himno de su país. Y, un gesto que agradecemos, incluyó la interpretación del Himno Nacional de República Dominicana.
Mi petición, después de estas merecidas consideraciones, es que intervenga en todo lo que esté a su alcance para que Haití logre la paz. Como dice el comunicador Ricardo Nieves, si Estados Unidos quiere, en menos de media hora puede poner fin al conflicto de las pandillas en Haití.
Hago esta petición a la señora embajadora, quien ha dado muestra de amor por nuestro país. Ella sabe, como buena diplomática, que los problemas haitianos repercuten en la República Dominicana, y los de la República Dominicana en Haití.
¡Así que intervenga en lo que pueda!, pues usted, como ferviente cristiana, sabe que un pueblo bueno y trabajador como el haitiano merece vivir en paz. Haití y la República Dominicana son dos grandes aliados entre sí, y ambos son viejos amigos, socios comerciales y políticos de Estados Unidos.







