
La investigación, publicada en Nature, encuentra una reducción de la mortalidad cercana al 40% en hombres que tomaban esta hormona por motivos distintos al tumor
La testosterona, una hormona habitualmente asociada al desarrollo masculino, podría desempeñar un papel protector frente al glioblastoma, el tumor cerebral maligno más frecuente y agresivo en adultos. Así lo sugiere un estudio de la Cleveland Clinic, publicado en Nature, que concluye que la pérdida de andrógenos favorece el crecimiento tumoral en modelos preclínicos y que, en hombres con esta enfermedad, la suplementación con testosterona se asoció a una mayor supervivencia.
El trabajo, liderado por Justin Lathia, profesor de ciencias oncológicas y director científico del Centro de Tumores Cerebrales del citado centro, cuestiona una idea que había estado muy asentada hasta el momento: que las hormonas masculinas podían contribuir al problema por el hecho de que el glioblastoma es más frecuente en hombres. Según sus resultados, en el entorno específico del cerebro ocurriría justo lo contrario.
Los investigadores observaron en ratones con glioblastoma que la reducción de andrógenos, como la testosterona, activaba en exceso el llamado eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal, conocido como eje HPA. Esa sobreactivación disparaba la producción de hormonas del estrés y favorecía un entorno inmunosupresor dentro del cerebro. En la práctica, ese «blindaje» dificultaba la llegada de células inmunitarias capaces de combatir el tumor, lo que permitía que progresara con menos control.
Función protectora del SNC
Uno de los aspectos más llamativos del estudio es que este efecto parece ser específico del cerebro. Investigaciones previas del propio grupo ya habían apuntado a que el papel de la testosterona frente al cáncer no es uniforme en todos los tejidos. De hecho, un trabajo anterior presentado por el equipo describía que, en modelos intracraneales de glioblastoma, la castración empeoraba la supervivencia y que ese efecto se revertía con administración de testosterona, lo que reforzaba la hipótesis de una función protectora en el sistema nervioso central (SNC)
Para explorar si esa señal biológica también tenía reflejo en humanos, los autores analizaron datos clínicos de más de 1.300 hombres con glioblastoma. El resultado fue que los pacientes que recibían testosterona suplementaria por razones ajenas al cáncer presentaban un riesgo de muerte un 38% inferior al de quienes no tomaban esos suplementos.
Piden ensayos específicos en humanos
Ahora bien, los propios investigadores subrayan que se trata de una asociación observacional y no de una prueba de causalidad. Es decir, el estudio no demuestra todavía que administrar testosterona mejore por sí mismo la supervivencia de los pacientes con glioblastoma. Lo que sí hace es aportar una base experimental y clínica suficiente como para plantear ensayos específicos en humanos.
El glioblastoma tiene una incidencia aproximada de cuatro casos por cada 100.000 habitantes al año, aunque aumenta con la edad, y mantiene unos pronóstico muy bajo. Incluso con el tratamiento estándar- cirugía, radioterapia y quimioterapia- la supervivencia media suele situarse en torno a los 12 o 15 meses, y apenas un pequeño porcentaje de pacientes sigue vivo a los cinco años.
El hallazgo también introduce cautela en otro terreno: el de la privación androgénica, una estrategia utilizada en otros tumores, como el cáncer de próstata. Lathia plantea expresamente que uno de los siguientes pasos debería ser averiguar si esa supresión hormonal, beneficiosa en otros contextos oncológicos, podría resultar perjudicial en el caso del glioblastoma.
El estudio publicado en Nature abre una vía inesperada. En lugar de considerar la testosterona como un combustible tumoral por defecto, propone que, al menos en el cerebro masculino, puede actuar como un modulador de las defensas inmunitarias y frenar indirectamente el avance del cáncer. Aunque la hipótesis aún está lejos de traducirse en un tratamiento inmediato, ofrece una pista novedosa frente a una enfermedad que apenas ha visto avances decisivos en décadas.
Fuente: La Razón






