
Los países aliados observan con preocupación un episodio que evidencia que la guerra empieza a desbordar cada vez más el espacio estrictamente ucraniano
La guerra de Ucrania volvió este viernes a golpear directamente territorio de la OTAN y a empujar a Europa hacia una nueva escalada de tensión con Moscú. El impacto de un dron contra un edificio residencial en la ciudad rumana de Galați, muy cerca de la frontera ucraniana, provocó heridas leves a dos personas y desencadenó una reacción inmediata de Bruselas y la Alianza Atlántica, que acusaron abiertamente a Rusia de haber cruzado otra línea roja en el conflicto.
Aunque las autoridades rumanas todavía investigan oficialmente el origen exacto del aparato, en las capitales europeas apenas existían dudas sobre la responsabilidad rusa y la sensación dominante en la OTAN es que el episodio confirma hasta qué punto la guerra empieza a desbordar cada vez más el espacio estrictamente ucraniano y acerca un escenario que hasta hace poco parecía improbable para muchos gobiernos europeos.
El ataque se produjo durante una nueva oleada de bombardeos rusos contra infraestructuras del sur de Ucrania, alrededor del puerto de Izmail –en la región de Odesa-, situado a apenas unos kilómetros de la frontera rumana. El presidente rumano, Nicușor Dan, que aseguró que el dron formaba parte de un grupo de 43 aparatos lanzados durante la noche, convocó de urgencia al Consejo Supremo de Defensa y anunció después una de las respuestas diplomáticas más contundentes adoptadas por Bucarest desde el inicio de la invasión rusa.
Reforzar la presencia militar en el este de Europa
Rumanía declaró «persona non grata» al cónsul general ruso en Constanza y adelantó el cierre del consulado, mientras exigía nuevas medidas frente a Moscú. La reacción de la OTAN y de la Unión Europea fue casi simultánea y con un tono especialmente contundente. El canciller alemán Friedrich Merz aseguró que el episodio demuestra «una vez más la disposición de Rusia a escalar el conflicto» y defendió la necesidad de reforzar la presencia militar aliada en el este de Europa.
«Estamos preparados para defender cada centímetro del territorio de la Alianza», afirmó. En términos similares se expresó el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, quien calificó el comportamiento ruso de «irresponsable» y aseguró que la guerra ya está teniendo consecuencias directas más allá de las fronteras ucranianas. La alta representante de la Unión Europea para Política Exterior, Kaja Kallas, habló de una «grave violación de la soberanía rumana y del espacio aéreo europeo», mientras la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, sostuvo que Rusia «ha vuelto a cruzar otra frontera».
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El incidente ha reactivado además dentro de la OTAN un debate que llevaba meses creciendo. Nicușor Dan anunció que varios sistemas de defensa aérea aliados serán trasladados temporalmente a Rumanía mientras el país refuerza sus propias capacidades con financiación europea. «Ya ha llegado parte del equipamiento y el resto llegará pronto», explicó el presidente rumano tras conversar con Rutte.
Los países socios se implican
Francia, que lidera el contingente aliado desplegado en territorio rumano, mantiene allí alrededor de 1.500 soldados, mientras Reino Unido continúa reforzando la defensa aérea del país con cazas Eurofighter. Alemania participa también desde hace meses en la vigilancia aérea del flanco oriental y en Berlín empieza a consolidarse la percepción de que el frente oriental de la OTAN dejará de ser una misión temporal para convertirse en una estructura permanente de disuasión frente a Rusia.
Asimismo, el episodio vuelve a poner de manifiesto hasta qué punto el espacio del mar Negro se ha convertido en una de las zonas más sensibles del conflicto. Desde el comienzo de la invasión rusa han aparecido repetidamente restos de drones en territorio rumano, pero hasta ahora nunca uno había impactado directamente contra un edificio residencial en una zona urbana y había causado heridos. Ese salto ha aumentado además el nerviosismo en varias capitales europeas, donde vuelve a aparecer el temor a que un incidente mal calculado termine provocando una confrontación mucho más directa con Moscú.
Bucarest, punto estratégico
En las cancillerías europeas existe además el temor de que este tipo de episodios terminen normalizándose a medida que Rusia intensifica los ataques contra las infraestructuras portuarias ucranianas del Danubio, convertidas desde hace meses en una pieza esencial para las exportaciones agrícolas de Kiev. En ese aspecto, Rumanía se ha convertido en uno de los puntos más sensibles del flanco oriental de la OTAN y Bucarest se ha transformado desde el inicio de la guerra en uno de los principales centros logísticos de apoyo occidental a Ucrania y, por ende, en un punto clave para el tránsito de mercancías, armamento y exportaciones agrícolas hacia Europa.
El puerto rumano de Constanza ha adquirido una importancia creciente dentro de las rutas comerciales alternativas utilizadas por Ucrania para sortear el bloqueo ruso en el mar Negro y precisamente por eso las autoridades rumanas interpretan que Moscú busca incrementar la tensión sobre toda esa infraestructura regional. Desde Kiev, el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, aprovechó el incidente para reclamar más presión sobre Rusia y reforzar el apoyo militar occidental.
«Rusia sigue apostando por la guerra y no por la diplomacia», afirmó, al tiempo que advertía de que los servicios de inteligencia ucranianos detectan preparativos para nuevos ataques masivos rusos. Mientras, en Bruselas y en algunas capitales europeas crece la impresión de que Moscú está utilizando este tipo de episodios para aumentar la presión sobre el flanco oriental europeo y medir hasta dónde está dispuesta a llegar la OTAN.
Fuente<. La Razón







